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Debemos de empezar con cosas básicas con la finalidad de recompensar las conductas deseadas, recordemos que no es lo mismo entrenar a un perro que a un gato, pues estos últimos son animales independientes, incluso parecen distantes o no interesados en seguir órdenes.
Lo primero, debemos determinar qué es lo que queremos que el felino aprenda, y poco a poco ir avanzando en ello, por ejemplo, algunos de los entrenamientos más básicos son el uso de la caja de arena, cómo mantenerlos calmados en las visitas al veterinario y evitar que rasquen los muebles.
A este animal hay que enseñarle a comportarse de manera que se vuelva más sociable, ya que esto es de suma importancia para el bienestar tanto de la familia como de él mismo; cuanto mejores sean sus modales, mejor será la relación.
Para tener éxito en el entrenamiento del gato, lo ideal es ir practicando una lección a la vez, y ya cuando domine la que se está trabajando, pasar a la siguiente.
El éxito para un buen comportamiento es evitar emplear castigos físicos o verbales, pues esto no ayuda a corregir la mala conducta.
Si notas que tu gato empieza a actuar de manera violenta o agresiva durante los juegos, puedes intentar corregir su conducta negándole la atención.
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