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Cuando una gata entra en celo, su comportamiento puede cambiar de manera notoria: maullidos intensos, frotamientos constantes y una necesidad de atención poco habitual. Este proceso forma parte de su ciclo reproductivo y es algo completamente normal en su biología.
A diferencia de otras especies, las gatas no tienen un solo celo al año, sino varios. Se consideran animales poliéstricos, lo que significa que pueden presentar múltiples periodos fértiles a lo largo del año, intercalados con meses de descanso, especialmente durante el invierno.
El ciclo del celo está compuesto por cinco fases principales, cada una con señales específicas:
Aunque el celo no representa un riesgo para la salud, puede ser incómodo para los tutores debido al ruido, la inquietud o los intentos de escape. La mejor forma de evitarlo es la esterilización, un procedimiento seguro que también previene enfermedades reproductivas.
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