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Perros espaciales
La selección de perros que pudieran ser enviados al espacio siguió algunos criterios. Primero, debido al tamaño del cohete, el animal podría pesar un máximo de 7 kg.
Los perros de raza y con pedigrí eran considerados demasiado mimados e incapaces de alcanzar buenos resultados en los cursos de "supervivencia en situaciones graves". Por tanto, el "escuadrón de perros cosmonautas" fue reclutado, principalmente, en las calles. Laika, por ejemplo, vagaba por las calles de Moscú cuando fue reclutada.
Los especialistas preferían trabajar con hembras, a las que consideraban más disciplinadas, y los animales de pelo liso se veían como más adecuados para la instalación de sensores.
De los 10 candidatos preseleccionados para la prueba final -resistencia en la cámara de presión centrífuga-, tres sobresalieron: Albina, Laika y Mukhu.
Albina estaba embarazada y Mukhu fue rechazada por tener curvas poco fotogénicas en las patas. Así que Laika fue la elegida para morir en el espacio y entrar en la historia.
Cápsula del tamaño de una lavadora
El Sputnik 2 no fue técnicamente desarrollado para aterrizar. Era un cilindro de cerca de cuatro metros de altura y dos metros de diámetro.
Laika estaba en una cápsula del tamaño de una lavadora, con un dispositivo para la regeneración química del aire y un alimentador automático que abría, dos veces por día, la tapa de un recipiente con una mezcla de nutrientes gelatinosos.
A la perrita le implantaron un sensor en las costillas para medir su respiración y otro sensor para medir su pulso en la arteria carótida.
También activaron dispositivos para medir la temperatura, presión y realizar cardiogramas. En los últimos días, antes del lanzamiento, Laika era colocada en una cápsula todos los días, durante varias horas, para que se acostumbrara a la situación.
La muerte
Los sensores implantados en Laika mostraron que, durante el lanzamiento, el ritmo de las pulsaciones de la perrita aumentó mucho, situándose tres veces por encima del ritmo en estado de reposo.
Su pulso tardó tres veces más en volver a los niveles prelanzamiento de lo que había tardado en las pruebas previas, un indicador del alto grado de estrés sufrido por Laika en el trayecto al espacio.
Los sensores de temperatura mostraron que la humedad y la temperatura de la cápsula donde estaba la perrita aumentaron poco después del inicio de la misión. La temperatura llegó a pasar los 40 grados centígrados.
Seis horas después del despegue, los sensores registraron una parada cardíaca. Estaba claro que la perrita había muerto como consecuencia del supercalentamiento de la cabina y del estrés.
El satélite con el cuerpo de Laika dio 2.370 vueltas en órbita y ardió al entrar en la atmósfera el 14 de abril de 1958.
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